viernes, 12 de junio de 2015

Jared James Nichols "Old Glory & The Wild Revival" (2015)


J.J.Nichols empieza a no necesitar presentación pero, por si alguien no lo sabe, se trata de un joven guitarrista de power blues de Wisconsin de tan sólo 27 años que esta dando mucho de que hablar. Su paso por la ciudad de Barcelona (y supongo que por el resto de ciudades de su extensa gira española) fue un torbellino. Cierto que no consiguió llenar apenas 100 personas en la Sala Rocksound de Barcelona pero él tocó como si estuviese frente a una gran audiencia.

Sostiene una guitarra desde los catorce años y ha teloneado a lo más grandes: B.B.King, Lynyrd Skynyrd, Glenn Hughes… El productor Eddie Kramer (Hendrix, Led Zeppelin) le ha producido el disco e incluso ha colaborado en la composición de algunos de los temas. Jonathan Mover, un músico cuyo currículum de colaboraciones necesitaría de todo un blog entero, toca en un par de temas a la batería. Nada de todo esto es casualidad y es que Nichols demuestra en este debut que va sobrado de técnica guitarrera, feeling, talento y buena voz.


El disco es, mayoritariamente, una colección de temas muy hard rockeros con una sólida base blues. Buenas composiciones de melodías pegadizas y solos con mucho feeling (Sometimes sería un buen ejemplo). En algunos casos me recuerda irremediablemente a aquellos maravillosos Badlans de Ray Gillen y Jake E.Lee como por ejemplo en Take My Hand. También encuentro reminiscencias a los ZZTop más setenteros en Haywire. Un album repleto de potenciales singles como Let You Go, Crazy, Can Yo Feel It?, la funky Now Or Never (en el que tanto luce la guitarra como la voz), Get Down o All Your Pain (digna de hacer corear a las grandes masas) que en otras épocas estarían copando todos los charts.

Playin' For Keeps es un tema idóneo para abrir el disco. De cadencia densa, con una guitarra que se abre paso aullando entre la pesada batería y el contundente bajo cuyo sonido recuerdo al Hendrix más salvaje. La canción va in crescendo hasta desembocar en un intenso sólo en el que Nichols deja bien patente porque se ha abierto camino entre los aficionados al género. Este tema es uno de los momentos cumbres de sus directos.

Evidentemente no podía faltar una versión clásica bluesera y, qué mejor que el Come On In My Kitchen del maestro Robert Johnson para cerrar el disco magistralmente. La guitarra de J.J.Nichols te transporta aquí hasta el cruce de caminos, donde de bien seguro este joven también ha vendido su alma al diablo.
El disco está grabado en directo intentando captar así la intensidad de esta banda aunque, a decir verdad, los temas ganan mucho más tocados a escasos centímetros en una pequeña sala.
La edición que adquirí tras el concierto es en vinilo azul, muy cuidada, incluyendo las letras de las canciones, créditos completos y una buena maquetación. Para acabar de adornarlo un radiante J.J.Nichols me lo firmó tras la actuación. Espero que continue firmando tan buenos discos y directos tan enérgicos. De continuar así esta joven promesa puede llegar muy lejos. Talento no le falta.

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