jueves, 23 de abril de 2020

"Deep in a dream: La larga noche de Chet Baker", James Gavin, Reservoir Books


Las biografías de los músicos, en concreto las de los rockeros, suelen ser muy extremas. Sus vidas están plagas de anécdotas totalmente pasadas de vueltas: drogas, sexo, peleas, situaciones delirantes… Pero muchos músicos de Jazz de los años 50-60 no palidecen para nada, en cuanto a excesos, al lado de salvajes como Tommy Lee, Ozzy Osbourne o Iggy Pop. De buen seguro que Chet Baker se hubiese corrido una buena juerga con muchos de ellos sin apenas despeinarse.
A pesar de no tener ni idea de solfeo y ser totalmente autodidacta, Baker era un músico increíble. Tenía un verdadero don para la trompeta y una voz celestial, llena de feeling, melancolía y tristeza. No en vano el mismísimo Charlie Parker lo fichó, tras oirlo tan solo una vez, en una audición que organizó para su banda. Cuenta la leyenda que Parker llamó a Miles Davis y a Dizzy Gillespie y les dijo "hay un chaval blanco que es impresionante. Tened cuidado.
A parte de su don musical, Baker poseía un carisma realmente único, con un poder innato para seducir a las mujeres (aunque su relación con todas ellas siempre fue muy insana) y embaucar a cualquiera que pasase por su vida.


Poseedor de una eterna belleza adolesecente, con pinta de niño bien, se ganó los apodos de “el James Dean del Jazz” o “el príncipe del Cool Jazz de la costa Oeste”. Baker tenía pinta de no haber roto nunca un plato, pero nada más lejos de la realidad: en cuanto bajaba de los escenarios se convertía en un animal sediento y desesperado por conseguir su próxima dosis de droga, a cualquier precio y pasando por encima del que se le pusiese por delante.

La vida de Baker poco tenía de glamurosa, siempre en busca de narcóticos, robando y falsificando recetas de médicos y farmacéuticos. Cómo lo único que le importaba era el dinero rápido para comprar drogas, ni tan solo tenía cuenta bancaria. Firmaba contratos con productores o discográficas sin mirar nada, sólo ansiaba el dinero en mano (con lo que hay multitud de discos de Baker con diferentes productoras y discográficas que ni él mismo recordaba haber cedido).  


Deep In A Dream es una biografía fuertemente adictiva y arrebatadora, escrita por James Gavin, uno de los mayores connoiseur de Chet Baker. Tras su lectura te queda esa sensación agridulce de que Baker pudo ser mucho más y que desperdició su enorme talento musical por culpa de sus adicciones. Parece increíble, al escuchar su voz en Not For Me o en la mítica My Funny Valentine, que esa dulzura viniese de una alma tan atormentada como la de Baker.  

Pinchad cualquiera de los discos de Chet Baker pillad este Deep In A Dream y preparaos para una historia repleta de sangre, drogas, buena música y emociones fuertes.

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